Luego de tres años desde su última visita a Buenos Aires, Guns N’ Roses volvió a pisar suelo argentino y lo hizo con la contundencia que los caracteriza. En el Estadio de Huracán, bajo la producción de DF Entertainment, Ake Music y Mercury Concerts, la banda liderada por Axl Rose ofreció un show final arrollador dentro de su gira mundial “Because What You Want & What You Get Are Two Completely Different Things”. Durante casi tres horas, el grupo demostró que su reinado dentro del rock sigue firme, sostenido por un repertorio que marcó generaciones y una energía que, aunque madura, no perdió su filo.

El concierto fue una celebración de cuatro décadas de historia. Himnos inoxidables, joyas ocultas y baladas épicas se encadenaron en una maratón sonora donde la química entre Axl Rose, Slash y Duff McKagan volvió a brillar como en los mejores tiempos. Axl, con su carisma intacto y una voz más contenida pero aún expresiva, lideró una banda en excelente forma, respaldada por un Richard Fortus preciso en guitarra, el histórico Dizzy Reed en teclados y el potente debut del baterista Isaac Carpenter, que aportó aire fresco sin alterar la esencia del grupo.
La apertura con “Welcome to the Jungle” fue una descarga inmediata de adrenalina, seguida por “Mr. Brownstone”, “Chinese Democracy” y “Bad Obsession”, un arranque sólido que reafirmó el poder de una discografía sin fisuras. Luego, temas como “It’s So Easy”, “Slither” y “Pretty Tied Up” llevaron al público por distintas eras del universo GNR, conectando pasado y presente con una naturalidad admirable.
Los covers, ya clásicos dentro del repertorio de la banda, sumaron emoción y variedad: “Live and Let Die” (Wings) desató euforia, mientras que el homenaje a Ozzy Osbourne con “Never Say Die” y “Sabbath Bloody Sabbath” fue recibido con una ovación generalizada. No faltaron las infaltables “New Rose” y “Knockin’ on Heaven’s Door”, que consolidaron el costado más emocional del show.

El tramo final fue una montaña rusa de emociones. “Rocket Queen” ofreció a Slash un momento de virtuosismo puro con su talk box, antes de que “Don’t Cry” conectara a la multitud en un canto colectivo. Axl sorprendió con una interpretación sensible de “Wichita Lineman” y una intensa versión de “This I Love”, antes de que “Civil War” —con un guiño a Hendrix incluido— elevara el clima a su punto máximo.

El cierre fue puro fuego: el solo demoledor de Slash desembocó en la ovación que acompañó a “Sweet Child o’ Mine”, seguida de una “November Rain” que volvió a teñir de épica la noche. “Street of Dreams” y “Madagascar” mantuvieron la emotividad antes de que “Nightrain” y “Paradise City” pusieran el broche de oro a una velada que recordó por qué Guns N’ Roses sigue siendo sinónimo de grandeza, exceso y rock en su estado más puro.
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Más allá del paso del tiempo, lo que queda claro es que el fuego sigue encendido. En Huracán, Axl, Slash y Duff demostraron que, cuando se trata de hard rock, lo que uno quiere y lo que recibe —como bien dice el nombre de su gira— pueden ser, efectivamente, dos cosas muy distintas. Pero en este caso, los fans argentinos recibieron exactamente lo que esperaban: una noche legendaria.




